Quien no llora, no mama.

A veces se me antojan los pañuelos como un boomerang, cuanto más lejos lo lanzas con más fuerza retorna hacia ti. En el fútbol, en el que gente experta dice que todo está inventado ya, parece que se ha escrito un guión sin principio ni final. Es la historia que nunca acaba y, para algunos, que nunca debe acabar: las lágrimas de cocodrilo.

Lo que es evidente es que, mientras un equipo gana, suma puntos, no hay lesiones por medio, no existen tiranteces en el vestuario y la afición en el estadio corea el nombre de los jugadores más extraordinarios, el árbitro pasa desapercibido. Da igual, por ejemplo, que no haya pitado un penalti en tu área en el minuto 20 si, al final del encuentro, has ganado por 4-0. Da igual si el codazo que ha recibido tu lateral derecho no ha sido sancionado si luego, éste mismo, remata un saque de esquina conviertiendo el griterío en una ópera prima. Da igual.

En la otra cara de la moneda, casi por antítesis, está el equipo que pierde puntos, que se aleja de los primeros puestos, que no luce como debería o que no le salen las jugadas que han ensayado durante la semana en el entrenamiento. Entonces, más que nunca, el árbitro se convierte en protagonista de la historia. Es el centro de atención. Es ahora cuando, sin comerlo ni beberlo, ese penalti del minuto 20 habría decidido el partido. Ese codazo recibido por el lateral derecho debería haber sido expulsión inmediata y, lógicamente, habría cambiado el rumbo del partido. Y claro, con el ojo como lo tenía, dificilmente puede marcar un gol rematando un saque de esquina.

No existe autocrítica entre los más grandes de nuestra liga. No hay un examen personal e introspectivo que justifique la ausencia de juego y goles. Pero, la historia, devuelve a cada uno sus cinco o seis jornadas de gloria o de llantos injustificados.

El Real Madrid, desde la llegada de Mourinho, ha apuntado al árbitro cada vez que han perdido puntos, han caido eliminados o, simplemente, el F.C.Barcelona se ha alejado. En este tramo de la competición, los blaugranas han recriminado cualquier acción contra el árbitro y han dicho, por activa y por pasiva, que hablar de colegiados es faltar al fútbol, a la clase, al señorío e, incluso, este hecho les hace aún más perdedores. “¡Nosotros no hablamos de los árbitros!”, decían solemnes desde las oficinas y ruedas de prensa del equipo de la ciudad condal.

Más tarde, con un impulso propio de un equipo como el Real Madrid, los blancos se pusieron por delante en todo. En goleadas, juego ofensivo y elegancia. En el Bernabéu nadie hablaba de las decisiones arbitrales y, claro, criticaban a todo aquel que pudiera hacerlas. “¡Ahora se quejan, como todos los demás!”.

Quizá la actitud del Real Madrid es más barriobajera que la del F.C.Barcelona a la hora de criticar y apelar contra la competición y sus estamentos. En el equipo blanco, el entrenador arremete contra árbitros a modo de insulto, jugadores cometiendo delitos verbales pero los señores de las oficinas, con camisa y pajarita, alargan el silencio dejando claro que en este equipo hay, más que nunca, clases y clases. Sería difícil escuchar a Butragueño insultar a todo un estamento coordinador de una competición, española o europea. Los blaugranas utilizan, otro tipo de armas. Es aquí dónde, el respeto y el voseo surgen como la patente de corso. El síndrome guardiola corre por los micrófonos pero, únicamente, en los estamentos a pie de campo. Jugadores y cuerpo técnico deciden hacer uso de las suaves palabras para defender su postura mientras que, desde los despachos, se alzan los improperios y las pancartas menos formales.

Es una diferencia de formas pero, en ningún caso, de fondo. Mourinho llegó incidiendo en que esto era una guerra, sabiendo que su juego iba a ser angosto y resultadista (con lo que eso implica)  y Guardiola, pasó sus años más felices otorgando el derecho a equivocarse a todo aquel que no señalaba un penalti en contra de Messi, sabiendo que ese disparo únicamente reducía a 7 los goles en su marcador.

Ahora, cuando se acerca el final de una liga demasiado apretada para gente que padece arritmias, los servicios de entrega de clínex hacen el puente aéreo una vez por semana porque, como el todo el mundo sabe, quien no llora…no mama.

 

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